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La nota mas peligrosa no aparece en el boletín.
Es la que el chico se pone a sí mismo cuando siente que no alcanza.
¿Pueden creer que la primera carta que me salió fue justamente esta?
Se los juro!!
“¿Qué debería enseñarse en las escuelas que no se está enseñando?”
Y justo esa misma semana, dos madres del colegio de mis hijos me invitaron a participar en un rol dentro de la institución.
Representante legal.
Que, en realidad, no es solamente alguien que firma papeles.
Es un puente.
Entre el Ministerio de Educación y el colegio.
Entre los padres y la escuela.
Entre la comisión directiva y las familias.
Entre la educación…
y la vida real.
Hace unos años escuché a un conferencista que arrancaba sus charlas con dos pizarras.
En la primera les preguntaba a los padres:
“¿Qué les enseñan a sus hijos en la escuela?”
Y aparecían:
matemáticas,
lengua,
historia,
geografía,
física,
química.
En la segunda preguntaba:
“¿Qué vida les gustaría que tengan sus hijos?”
Y ahí aparecía otra cosa:
que sean felices,
que tengan buenos vínculos,
que sepan amar,
que tengan paz,
propósito,
amigos,
herramientas emocionales,
una vida con sentido.
Y la pregunta era brutal:
¿Por qué casi nada coincide entre una pizarra y la otra?
Entonces…
¿qué les estamos enseñando realmente a nuestros hijos?
Hace más de 20 años, cuando defendí mi tesis del MBA, hablaba de felicidad organizacional y muchos se reían.
Recuerdo al presidente del tribunal preguntándome:
“¿Por qué un título tan ridículo?”
Hoy Harvard, Stanford y Yale tienen programas sobre felicidad, bienestar y desarrollo humano.
Son las reglas del juego.
A veces lo humano primero parece ingenuo…
hasta que el mundo finalmente lo alcanza.
Y quizás por eso acepté este rol.
No para venir a revolucionar nada.
Ni para convertirme en fiscal del sistema educativo.
Sino para intentar achicar, aunque sea un poco, la distancia entre esas dos pizarras.
Porque tal vez educar no sea solamente preparar chicos para ganarse la vida.
Tal vez también sea enseñarles a vivirla.
P.D.: Y sí… también voy feliz a llevar esta conversación al colegio de tus hijos.
Porque quizás el mayor problema de muchas personas no sea la falta de inteligencia.
Sino haber crecido creyendo que valían por la nota, el rendimiento o la aprobación.
Y después se convierten en adultos exitosos…
que no pueden estar cinco minutos a solas con ellos mismos.
