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La cima eres tú.
No somos mas que nadie. Tampoco menos.
Hace unos 20 años era un sahumerio andando. Un incienso viviente.
Buscando elevarme, expandirme, despertar.
Reconocerme o lograr la iluminación, sino es lo mismo.
Y no reniego de nada. Todo eso me trajo hasta acá.
Me dio lenguaje, preguntas, silencios, profundidad. Me aclaró. Me ordenó. Me mostró.
Pero si soy honesto, también tengo que decirte esto: no me llevó a la liberación última.
Me acercó. Me entrenó. Me refinó.
Pero la cúlmine de la existencia, la libertad real de morar con una conciencia plena y regalarme la libertad de ser yo mismo, no estaba en seguir buscando.
Hubo un punto —silencioso, sin épica— en el que me di cuenta de algo incómodo:
Seguir buscando también era una forma sutil de poner el foco y la atención en alguien o algo externo.
Y, sobre todo, de huir de mí mismo.
No era ignorancia.
No era inconsciencia.
Era costumbre.
Nos enseñaron a seguir. Pero no a seguirnos.
Nos enseñaron caminos, maestros, métodos, técnicas, herramientas — la meditación, el yoga, lo holístico en todas sus formas— y todo eso fue necesario.
Cumplió su función. Nos trajo hasta acá.
Pero la meta era y es llegar a la cima de uno mismo.
La cima soy yo. La cima sos vos.
Cuando la cima deja de estar afuera, todo lo que antes sostenía la búsqueda empieza a perder centralidad (pedazo de frase!!!)
Guru’s time, it’s fading. Y ellos lo saben.
Y todo lo holístico también. Todo antiguo. Todo lo que el “mundo espiritual” ofrecía, todas sus herramientas, métodos, etc son necesarios… hasta que dejan de serlo.
Es como con el dolor:
hay un momento en que aceptar y permitirnos habitar el dolor es necesario,
porque nos habilita a comprender, nos despierta, nos hace evolucionar.
Nos sacude para reparar. Pero eso que fue necesario, llega un punto en que se vuelve innecesario.
Lo holístico (yoga, meditación y todo cuato se te ocurra), lo espiritual, lo consciente,
no era la meta. Era el puente.
Y quedarse a vivir en el puente es seguir girando en falso.
Hoy lo veo simple. Brutalmente simple.
Si estás a gusto.
Si habitás el presente.
Si hay gozo, calma, simpleza, disfrute y verdad en lo cotidiano… no hay mucho más.
No hay mucho más en el mundo de la espiritualidad y la expansión de la consciencia.
Seguir acumulando cursos, retiros, métodos, cuando ya estás acá,
es confundir profundidad con acumulación.
El viaje, al final, no termina en hablar en sánscrito, ni en viajar cada año a la India,
ni en convertirte en vegano, leer conocimiento ni en sentarte en posición de loto como ese personaje espiritual que todos podemos llegar a ser —yo incluido—
cuando el ego se disfraza de conciencia.
Termina en algo mucho más simple y mucho más incómodo:
Tú autenticidad y en vivir tu maestría desde tu libreto e impronta y no desde la de alguien externo a vos, por más que los faroles del mundo apunten a ese avatar.
No somos más que nadie. Tampoco menos.
Es vivir;
En simpleza.
En alegría.
En el disfrute de ser.
Y ya.
Hace años que nada de lo que ofrece el kit de la espiritualidad acompaña mi diario vivir y aún así; hoy estoy más presente y expandido que nunca.
Y cuando eso sucede —porque comenzaste a seguirte a vos mismo en gran medida—
la búsqueda pierde sentido, los rituales pierden peso, los maestros dejan de ocupar el centro y pasan a ser espejos y no guías, y todo lo que antes parecía imprescindible
simplemente deja de ser central.
No porque esté mal.
Sino porque ya no hace falta.
Buenos Aires, Argentina 2006
German Ashram, 2007