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El amor es lo Supremo.
El amor que engendra vida no muere, solo cambia de forma.
Comparto este texto porque sigue siendo honesto, crudo, amoroso y luminoso al mismo tiempo.
Porque no cae en el golpe bajo ni en la épica innecesaria. Hay un equilibrio muy difícil de lograr entre la intimidad del dolor y la gratitud por la vida compartida. Y eso no se escribe fácil.
Cuatro años después, este texto sigue latiendo en mí. Lo escribí dos meses después de la partida de Belu, mi compañera y madre de mis hijos, y hoy a cuatro años de su vuelo, siento que merece volver a ver la luz. Porque lo que se aprende en el dolor no se olvida. Porque escribir también es una forma de amar lo que ya no está. Pero está.
Lo comparto porque sigue siendo verdad. Porque el amor no expira. Porque la memoria también se cultiva con palabras.
Y éstas, cuando han sido escritas, tienen esa nobleza: vuelven, pero no para abrir la herida, sino para recordarnos desde dónde venimos y a quiénes seguimos honrando en el camino. Porque hay amores que serán recordados siempre. Porque cada vez que abrazo a mis hijos, siento que también estoy abrazando una parte de ella.
Barcelona, 17 de julio de 2021
Mi chuna, pinci mi, mi negrota, te extraño tanto... Los tres te extrañamos tanto. Hoy y a dos meses de tu partida, el vacío es inmenso. Y duele. Mucho.
Te estoy doliendo. Te estamos doliendo, cada uno a su manera. A sus tiempos. Es un proceso el aprender a sobrellevar tu ausencia física. Y como tal, estoy observando y aprendiendo de la sabiduría de Feliciano y Florencio.
Ellos son niños, y como son niños, son sabios. Ellos reciben los designios del karma y del destino con total apertura. Con inocencia y luminosa aceptación.
Sin juzgar.
Y se adaptan, conforme a las leyes del tiempo, el espacio y la causalidad.
Y me dan la fuerza y la certeza de que sentarme a llorar por los rincones y ser excesivamente emocional no será una gran contribución. Ni a ellos. Ni a mí. Necesitan un padre no sólo fuerte, también uno alegre.
Y sí, te duelo y te lloro en la más absoluta intimidad. Y me permito sentir, porque es una manera natural para poder seguir avanzando.
Los últimos dos años e incluso y a pesar de las adversidades, fueron un regalo de Dios.
Disponer de este tiempo para poder disfrutarnos los cuatro, también fue Su voluntad.
Los tiempos y los planes de Dios son perfectos. Incomprensibles también si se quiere y más aún desde nuestra limitada manera de observar la Gran Obra. Empresa estéril es querer buscar una “explicación”.
“Cómo nos cambió la vida papá” me dijo Feliciano con sus 6 años. Vaya que sí negro! Vaya que sí.
No hay un solo día en que Florencio, con sus 2 años, no me pregunte ¿y Mamá? Mi vida…
Y mi bendito speach de cada día; Mamá está con los ángeles, rodeada de mucho amor… y está en Paz porque ya no siente más dolor y no tiene más pupa”. Y su bendita y sabia respuesta de cada día; “Vale” y se da vuelta y sigue jugando o haciendo lo que esté haciendo. Y ya. Sin más.
Sólo resta confiar en el plan divino. Y avanzar.
La vida y los designios de Dios siguen su curso.
Mi chuna, te estaré por siempre y muy agradecido por haberme elegido y darme la sagrada oportunidad de estar a tu lado y cuidarte durante todo este proceso. Te lo agradecí en reiteradas oportunidades y también te lo quiero agradecer aquí y ahora. Sólo vos y yo sabemos lo que vivimos en éstos últimos dos años porque nos hicimos Uno. Porque fuimos un sólido equipo cuando la marea se puso brava y el viento soplaba fuerte y en contra. Sólo vos y yo sabemos del dolor, la agonía, la tristeza y a fin de cuentas, el aprendizaje. Sólo vos y yo sabemos todo lo que atravesamos, porque vos y yo elegimos exactamente todo esto antes de tomar la forma. Elegimos cada suceso, obstáculo y adversidad antes de tomar éstos perecederos y finitos cuerpos, porque fue lo que nuestras infinitas almas decidieron evolucionar y transcender en esta oportunidad.
Un cáncer o la enfermedad que se presente delante de nuestras narices, nos guste o no, nos pese y nos cueste aceptar o lo cataloguemos de injusto, a fin de cuentas es un Maestro que viene a sacudirnos y transformarnos por completo. Es un Maestro que nos enferma para sanar. Un Maestro que carece del amor, la dulzura y la empatía de uno Espiritual, porque su enseñanza es a los ponchazos, contundente, fría, de un sablazo y aterradoramente pragmática.
Yo te vi. Yo te vi cada día. Te vi en todas y cada una de las consultas, en cada pinchazo, en cada transfusión. En cada quimio. En cada diagnóstico. Te observé a cada momento y no puedo más que admirarte!
Te admiro mi chuna, te admiro mi negrota! Te admiro profundamente mi amor! Y así se los haré saber…
Tengo tanto para compartirles a los chicos de cómo era su mamá.
Cuando te recordemos y les cuente miles de detalles, anécdotas y recuerdos de cómo era su mamá. De lo grande que era su mamá. De la grandeza de su alma…
Fue gracias a la grandeza y generosidad de tu alma que pude experimentar los dos mayores milagros; la vida y la muerte. Gracias a vos pude recibir con mis propias manos la llegada de Feliciano al mundo. Y gracias a vos que me diste la oportunidad de cuidarte y estar ahí, pude sostener tu carita, besar y acariciar tu mejilla y decirte cosas al oído hasta tu última exhalación.
Tu tarea está cumplida mi amor. Tu tarea está cumplida mi chuna.
Y con creces porque lo diste TODO.
Porque fuiste una luchadora y una leona guerrera!
Porque atravesaste la adversidad con aceptación y sonrisa.
Porque sacabas fuerzas (a veces me preguntaba ¿de dónde las saca?) para atravesar cada obstáculo transformando el dolor en sabiduría.
Porque ya estabas cansada mi amor.
Porque ya estabas muy cansada…
Y te fuiste como una reina.
Y estabas en Paz...
Puedo asegurar que dejaste este mundo en Paz.
Volviendo a la generosidad de tu alma, me dejaste el mayor regalo que alguien jamás pueda recibir; hijos. Me dejaste dos hijos hermosos, amorosos, dulces y alegres que son ni más ni menos que extensiones de tu Ser.
Y si puedo prometerte algo, es que estarán siempre, siempre, siempre acompañados, contenidos y cuidados por el amor de su papá. Nada les dará mayor contención en este mundo, que el amor de su papá.
Nuestra chuna, te recordamos con todo nuestro Amor. “Tú media docena de huevos”, como vos nos decías, te recordamos con toda nuestra gratitud y amor y estarás siempre presente en nuestros corazones.
Te recordamos con esa transparencia que tenías. Con esa luz que iluminaba al mundo y a todas las personas que tuvimos el privilegio de conocerte.
Esa luz que tenías, fue la que me enamoró aquel día. Fue la luz de tu mirada lo que me hizo sentir, con absoluta certeza en esas mañanas de sadhana, conversaciones y licuados de frutas en Blanco Encalada; es ella, es ella…
Siempre alegre, amorosa con un corazón y una generosidad inmensas!
Te recuerdo y estabas siempre sonriendo. Siempre sonreías!
Aunque tus días aquí fueron breves, fueron suficientes para amarte y que vivas siempre presente en nuestro corazón.
Prometo enseñarles a nuestros hijos a que no sólo te encuentren en recuerdos, sino también en cada momento de alegría y de amor, ya que tu presencia estará acompañándolos -no tengo dudas- en cada uno de sus latidos e inhalaciones.
Nuestra chuna de nuestra alma, nuestra chuna hermosa de nuestro corazón, sé que nos enviaras la fuerzas necesarias para seguir avanzando. Al menos hasta que volvamos a encontrarnos con tu hermosa mirada y luminosa sonrisa en esa tierra donde Todo es Uno, donde no hay juicio ni separación y ahí sí, para nunca más perderte ni separarnos.
Nuestra chuna, hoy te decimos Gracias..
Te Amamos con toda nuestra alma y corazón y te decimos Gracias.
Muchas Gracias por habernos elegido para compartir tu vida y crecer juntos tomados de la mano.
Siempre en nuestro corazón.
Te amamos por siempre jamás.
Florencio, Feliciano y Alejo.